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lunes, 28 de julio de 2014

Venganza !!!

"Quien quiere vengar las ofensas mediante un odio recíproco vive, sin duda, miserablemente. Quien, por el contrario, procura vencer el odio con el amor  lucha  con  alegría  y  confianza,  resiste  con  igual  facilidad  a  muchos hombres que  a  uno  solo,  y apenas necesita  la  ayuda  de  la  fortuna.  Si  vence, sus  vencidos  están  alegres,  pues  su  derrota  se  produce  no  por  defecto  de fuerza, sino por aumento de ella".

(Espinoza, Ética, IV, prop. XLVI, escolio)

lunes, 14 de abril de 2014

Más sobre la caridad

[...] san Agustín y santo Tomás, comentando el himno a la caridad [san Pablo, Primera epístola a los corintios, XIII], mostraron perfectamente que, de las tres virtudes teologales [fe, esperanza y caridad], la caridad no sólo era la más importante de las tres, como decía san Pablo, sino la única que tiene sentido en Dios o, como dicen ellos, en el Reino. La fe pasará (¿cómo es posoble creer en Dios cuando se es en Dios? [sólo hay fe cuando no hay conocimiento]), la esperanza pasará (en el Reino ya no habrá nada que esperar [sólo se espera lo que no se tiene o lo que no se puede]), y por eso se ha dicho que la caridad es la única que "no pasará": en el Reino sólo habrá amor, sin esperanza y sin fe. [Pero Dios no existe, ya estamos en el único Reino]. La esperanza y la fe nos han abandonado: sólo existe la carencia, sólo existe la alegría, sólo existe la caridad. Eso no es traicionar forzosamente el espíritu de Cristo, ni renunciar a seguirlo. Cristo, señala santo Tomás, no tenía "ni la fe ni la esperanza" y, sin embargo, tuvo "una caridad perfecta". Es evidente que nosotros nunca podremos alcanzar esta perfección. Pero ¿es una razón suficiente para que renunciemos al poco amor puro, gratuito o desinteresado -al poco de caridad-, por tanto, de la que quizá seamos capaces?
André Comte-Sponville, Pequeño tratado de las grandes virtudes,
"El amor", Ed. Espasa, p. 346.

viernes, 11 de abril de 2014

Caridad

[El amor de Dios, de Jesucristo, de los mártires] explica Simone Weil, es lo contrario de la violencia o, dicho de otra forma, es lo contrario tanto de la fuerza que se ejerce como de la potencia que gobierna. Según Tucidides: "por una necesidad de natura, todo ser ejerce siempre todo el poder de que dispone". Es la ley del conatus, es la ley de la potencia y no sólo en la guerra o la política, es la ley del mundo, es la ley de la vida. "Los niños son como el agua -me decía un amigo-: ocupan siempre todo el espacio disponible". Pero Dios, no; de lo contrario, en Él sólo habría Dios y no habría mundo. Pero los padres, no: a veces [...] estos se retiran, retroceden, no ocupan todo el espacio disponible, no ejercen todo el poder del que disponen. ¿Por qué? Por amor: para dejar más espacio, más poder, más libertad a sus hijos, y más cuanto más débiles, más desprovistos y más frágiles sean los hijos, para no impedirles existir, para no abrumarlos con su presencia, con su poder, con su amor... Pero esto no es aplicable sólo a los padres. ¿Quién no tiene cuidado con un recién nacido? ¿Quién no limita ante él su propia fuerza? ¿Quién no se prohibe la violencia? ¿Quién no limita su poder? La debilidad manda y esto es lo que significa la caridad. [...] La benevolencia está presente, la alegría está presente -pero en vacío-, pero atestiguadas sobre todo por esta fuerza que no se ejerce, por esta retirada, por esta dulzura, por esta delicadeza, por esta potencia que parece vaciarse de sí misma, limitarse a sí misma, que prefiere negarse antes que afirmarse, retirarse antes que extenderse, dar antes que poseer. Se podría decir lo contrario del agua, lo contrario de los hijos, lo contrario del conatus, lo contrario de la vida que devora o se afirma: lo contrario de la gravedad [y la fuerza]. Es lo que Simone Weil llama la gracia [...] y el amor.

André Comte-Sponville, Pequeño tratado de las grandes virtudes,
"El amor", Ed. Espasa, pp. 329 s.

lunes, 3 de marzo de 2014

Amor y fidelidad

La pareja, en el sentido en que tomo la palabra, supone amor y duración. Supone por lo tanto fidelidad, puesto que el amor sólo dura a condición de prolongar la pasión (demasiado breve para hacer una pareja, suficiente para deshacerla) con la memoria y la voluntad. [... Por otro lado] Ninguna pareja, con mayor motivo, podría durar sin [...] fidelidad, por ambas partes, a su historia común, sin esa mezcla de confianza y gratitud, por la que las parejas felices, existen algunas, resultan tan emocionantes al envejecer. [...] No tiene sentido quejarse de que el amor [la pasión] se calme o decline, que por otra parte casi siempre ocurre. [...] La fidelidad es amor mantenido de lo que ha tenido lugar, amor al amor, en este caso, amor presente (y voluntario, y voluntariamente mantenido) del amor pasado. Fidelidad es amor fiel, fiel sobre todo al amor.

André Comte-Sponville, "La fidelidad", en Pequeño tratado de las grandes virtudes, Ed. Espasa Calpe, 1998, pág. 41.

jueves, 16 de enero de 2014

Amor de madre

Pensad en el niño que toma el pecho. Y en la madre que se lo da. También ella ha sido un bebé: todos comenzamos tomando, y esto es ya una forma de amar. Después aprendemos a dar, al menos un poco, al menos algunas veces, y esta es la única forma de ser fieles hasta el final al amor recibido; al amor humano, nunca demasiado humano; al amor tan frágil, tan inquieto, tan limitado y que, sin embargo, es como una imagen del infinito; al amor del que hemos sido objeto, y que ha hecho de nosotros sujetos; al amor inmerecido que, como una gracia, nos precede, que nos ha engendrado, y no creado; al amor que nos ha mecido, lavado, alimentado, protegido, consolado; al amor que nos acompaña, definitivamente, y que nos falta, y que nos da alegría, y que nos transforma, y que nos ilumina... Si no hubiera madres, ¿qué sabríamos del amor? Si no hubiera amor, ¿qué sabríamos de Dios?

André Comte-Sponville, Invitación a la filosofía, Ed. Paidós, 2002, pág. 51.