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martes, 26 de agosto de 2014

La paja en el ojo ajeno.

"Cuando veáis a un hombre honrado, intentad imitarlo. Cuando veáis a un hombre que no es honrado, examinaos a vosotros mismos" [examinad si no tenéis los mismos defectos].

(Confucio, Analectas, 4.17).

Confucio (China, s. VI a C)

viernes, 30 de mayo de 2014

Más moderación

La templanza -como la prudencia, y quizá como todas las virtudes- pertenece, pues, al arte de gozar: es un trabajo del deseo sobre sí mismo, del ser vivo sobre sí mismo. Su objetivo no es sobrepasar nuestros límites, sino respetarlos [...] depende menos del deber que del sentido común. Es la prudencia aplicada a los placeres: se trata de gozar lo más posible y lo mejor posible, pero por una intensificación de la sensación o de la conciencia que se tiene de ella, y no por la multiplicación indefinida de sus objetos. ¡Pobre Don Juan por necesitar tantas mujeres! ¡Pobre alcohólico por necesitar beber tanto! ¡Pobre glotón por necesitar comer tanto! Epicuro enseñaba a gozar de los placeres tal y como vienen, tan fáciles de satisfacer, cuando son naturales, como calmar el cuerpo. ¿Hay algo más fácil que saciar la sed? ¿Hay algo más fácil de satisfacer que un estómago o un sexo? ¿Hay algo más limitado, más felizmente limitado, que nuestros deseos naturales y necesarios? No es el cuerpo el que es insaciable. La no limitación de los deseos, que nos condena a la carencia, a la insatisfacción o la desgracia, sólo es una enfermedad de la imaginación.
André Comte-Sponville,  
Pequeño tratado de las grandes virtudes
"La templanza", Ed. Espasa, págs. 55-56.

viernes, 23 de mayo de 2014

Templanza (epicureísmo) en Espinoza

[...] servirse de las cosas y deleitarse con ellas cuanto sea posible (no hasta la saciedad, desde luego, pues eso no es deleitarse) es propio de un hombre sabio. Quiero decir que es propio de un hombre sabio reponer fuerzas y recrearse con alimentos y bebidas agradables, tomados con moderación, así como gustar de los perfumes, el encanto de las plantas verdeantes, el ornato, la música, los juegos que sirven como ejercicio físico, el teatro y cosas por el estilo, de que todos pueden servirse sin perjuicio ajeno alguno.

Espinoza, Ética, libro IV, Proposición XLV, Corolario II, Escolio.

Ver también: http://caminanteysusombra.blogspot.com.es/search/label/Epicuro

martes, 6 de mayo de 2014

Más sobre "educación en valores"

Continuando con la cita anterior de Aristóteles, podemos leer ésta de Espinoza:

[...] no es extraño que la tristeza siga, en general, a todos los actos que usualmente se llaman "malos", y la alegría a los que son llamados "buenos". Pues [...] se entiende con facilidad que ello depende más que nada de la educación. Efectivamente, los padres, desaprobando los primeros y reprochándoselos a menudo a sus hijos, y, por contra, alabando los segundos y aconsejándoselos, consiguen que asocien sentimientos de alegría a los unos y de tristeza a los otros. [...] Así pues, según ha sido educado cada cual, se arrepiente o se gloría de una acción.

Espinoza, Ética, libro III, Definición XXVII de los afectos.

Baruch Espinoza (1632-1677), Holanda.

lunes, 28 de abril de 2014

Virtud, placer, dolor

La virtud moral [...] se relaciona con los placeres y dolores, pues hacemos lo malo a causa del placer, y nos apartamos del bien a causa del dolor. Por ello, debemos haber sido educados en cierto modo desde jóvenes, como dice Platón [Leyes II 653a], para podernos alegrar y dolernos como es debido, pues en esto radica la buena educación.
Aristóteles, Ética a Nicómaco, 1104b10.

Busto de Aristóteles


lunes, 14 de abril de 2014

Más sobre la caridad

[...] san Agustín y santo Tomás, comentando el himno a la caridad [san Pablo, Primera epístola a los corintios, XIII], mostraron perfectamente que, de las tres virtudes teologales [fe, esperanza y caridad], la caridad no sólo era la más importante de las tres, como decía san Pablo, sino la única que tiene sentido en Dios o, como dicen ellos, en el Reino. La fe pasará (¿cómo es posoble creer en Dios cuando se es en Dios? [sólo hay fe cuando no hay conocimiento]), la esperanza pasará (en el Reino ya no habrá nada que esperar [sólo se espera lo que no se tiene o lo que no se puede]), y por eso se ha dicho que la caridad es la única que "no pasará": en el Reino sólo habrá amor, sin esperanza y sin fe. [Pero Dios no existe, ya estamos en el único Reino]. La esperanza y la fe nos han abandonado: sólo existe la carencia, sólo existe la alegría, sólo existe la caridad. Eso no es traicionar forzosamente el espíritu de Cristo, ni renunciar a seguirlo. Cristo, señala santo Tomás, no tenía "ni la fe ni la esperanza" y, sin embargo, tuvo "una caridad perfecta". Es evidente que nosotros nunca podremos alcanzar esta perfección. Pero ¿es una razón suficiente para que renunciemos al poco amor puro, gratuito o desinteresado -al poco de caridad-, por tanto, de la que quizá seamos capaces?
André Comte-Sponville, Pequeño tratado de las grandes virtudes,
"El amor", Ed. Espasa, p. 346.

lunes, 31 de marzo de 2014

Justicia y compasión

[...] prestar ayuda a cada indigente es algo que supera con mucho las posibilidades y el interés de un particular. Pues las riquezas de un particular quedan muy por debajo de lo que sería una ayuda suficiente. Por otra parte, un solo hombre no tiene bastante capacidad para hacerse amigo de todos; por ello el cuidado de los pobres compete a la sociedad entera y atañe sólo al interés común.
Espinoza, Ética, libro IV, Apéndice, capítulo XVII.

Sin embargo, esto no nos dispensa de tener con respecto a los pobres o marginados una actitud de proximidad fraternal, de respeto, de disponibilidad caritativa, de simpatía, en resumen, de compasión, que por otra parte puede manifestarse también, puesto que la política no es suficiente para todo, en una acción concreta de benevolencia [...] Cada uno hace aquí lo que puede, o más bien lo que quiere en función de sus medios y de la poca generosidad de que sea capaz. El ego manda y decide. Pero no completamente solo, y eso es lo que significa compasión.
André Comte-Sponville, Pequeño tratado de las grandes virtudes,
"La compasión", Ed. Espasa, pp. 143 s.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Generosidad

¿Qué porcentaje de nuestros ingresos familiares dedicamos a los gastos, llamémosles de generosidad, en otras palabras, a otra felicidad que no sea la nuestra o la de nuestros íntimos? Que cada uno responda en lo que a él respecta. Creo que ninguno llegamos al 10 por 100 y muchas veces  ni siquiera al 1 por 100... Ya sé que el dinero no lo es todo. ¿Pero por qué milagro íbamos a ser más generosos en los campos no financieros o no cuantificables? ¿Por qué íbamos a tener más abiertos el corazón que el monedero? Lo contrario es mucho más verosímil. ¿Cómo podemos saber si lo poco que damos es realmente generosidad o es el precio que pagamos por nuestro bienestar moral, el poco precio que pagamos por tener la conciencia limpia? En pocas palabras, si la generosidad es una virtud tan grande, tan alabada, es porque es muy endeble dentro de todos nosotros, porque el egoísmo siempre es más fuerte, porque la generosidad brilla por su ausencia la mayoría de las veces... "Porque el corazón del hombre está hueco y lleno de basura", decía Pascal. Porque sólo está lleno, casi siempre, de sí mismo.

André Comte-Sponville, "La generosidad", en Pequeño tratado de las grandes virtudes, Ed. Espasa Calpe, 1998, pág. 112.

miércoles, 15 de enero de 2014

Justicia y beneficio

Confucio
4.10.- En los asuntos del mundo, un caballero no tiene una posición predeterminada: adopta la posición que es justa.

4.11.- El caballero busca la virtud, el hombre común se apega a su tierra natal. El caballero busca la justicia, el hombre común busca favores.

4.16.- El caballero aprecia la justicia; el hombre común aprecia lo que le beneficia.

(Confucio, Analectas)

Definitivamente hay pocos caballeros en la actualidad, aunque claro, por eso Confucio lo opone al hombre común.

jueves, 7 de noviembre de 2013

El sumo bien

El sumo bien es un alma que desprecia las cosas azarosas y se complace en la virtud, [...] una fuerza de ánimo invencible, con experiencia de las cosas, serena en la acción, llena de humanidad y solicitud por los que nos rodean.

(Séneca, Sobre la felicidad).

Séneca

domingo, 29 de septiembre de 2013

Caballerosidad, II

Un caballero come sin llenar su vientre; escoge una morada sin exigir comodidad; es diligente en su trabajo y prudente en su hablar; busca la compañía de los virtuosos para corregir su propio proceder. De un hombre así puede decirse en verdad que tiene el deseo de aprender.

(Confucio, Analectas, 1.14).

Confucio (China, s. VI a C)

domingo, 12 de mayo de 2013

El placer epicúreo

Cuando decimos que el placer es la única finalidad, no nos estamos refiriendo a los placeres de los disolutos y crápulas, como afirman algunos que desconocen nuestra doctrina o no están de acuerdo con ella o la interpretan mal, sino al hecho de no sentir dolor en el cuerpo ni turbación en el alma. Pues ni los banquetes ni los festejos continuados, ni el gozar con jovencitos y mujeres, ni los pescados ni otros manjares que ofrecen las mesas bien servidas nos hacen la vida agradable, sino el juicio certero que examina las causas de cada acto de elección o aversión y sabe guiar nuestras opiniones lejos de aquellas que llenan el alma de inquietud.

El principio de todo esto y el bien máximo es el juicio, y por ello el juicio (de donde se originan las restantes virtudes) es más valioso que la propia filosofía, y nos enseña que no existe una vida feliz sin que sea al mismo tiempo juiciosa, bella y justa, ni es posible vivir con prudencia, belleza y justicia, sin ser feliz. Pues las virtudes son connaturales a una vida feliz, y el vivir felizmente se acompaña de la virtud.

Epicuro, Carta a Meneceo.

martes, 23 de abril de 2013

Voluntad, IV

No en el sentir, sino en la acción.
Allí, para el ser racional y social, están el bien y el mal, la virtud y el vicio.
En la acción.

(Marco Aurelio, Meditaciones, IX-16)

Marco Aurelio (Wikipedia)